Presentación del álbum
La Triqueta de Sonetos
Tres sonetos. Tres posiciones del deseo. Un mismo yo lírico atravesando lo que fue, lo que pudo haber sido y lo que —aun sabiéndolo difícil— se desea. Esto no es “letra sobre música”: es métrica clásica empujada por metal, con fuego y disciplina.
Soneto a las Tentadoras
Dante · descensoNo entendí hasta verte, como a Dante, que la curiosidad al infierno guía; caí sabiendo bien que no saldría, tus maldades me empujaban adelante. Hoy sé que aquel diamante lacerante en mi corazón de acero se hundiría, porque no podrá quererme como quería, y aun así seguiré siendo navegante. No dejaré atrás nunca las corchas, pues cuando tome al fin mi último navío no vendrán con flores, sino con antorchas. De tus desprecios hice desvarío, me abrigué con frío bajo tus corchas, hasta cerrar la puerta de tu adobío.
La tentación no aparece como romanticismo, sino como fuerza que arrastra. Aquí el “tú” se vuelve plural: no es un nombre propio, es una categoría, una máscara repetible.
Soneto a las Tatuadoras
piel · ritoCuán el sabor del aceite encontré, suave baña el fondo de mi tráquea, dibujas mis locuras en piel áurea, tu mano tensa con la aguja, encontré. En qué lugar, a tu prima, encontré, sé que alguna jaqueca me tejerán, pero no es mi falta si andarán, por oasis del camino que encontré. Siendo libre me llamó presidiario, sin entender que lloran mis letras lo que mi pesar sufre a diario. Nunca he sido falso, ni visionario, mi entender es vacío en hembras, pero tu saber es extraordinario.
El plural vuelve a operar: no se canta a “una” persona, sino al oficio y a la marca. Aquí el metal no adorna: sostiene el pulso del cuerpo y su memoria.
Soneto a Rocío
tiempo · diosEl amor es un hueco en la memoria, un trazo cerebral que se evapora; si no arraiga, se vuelve contradictoria su sombra, y lo contrario lo devora. Hay amores que escriben otra historia: el de un padre, el de hijas que atesora; mas el amor de mujer es transitoria, razón que hiere, quema y no mejora. Aunque fuera famulato para ti, para mí fue de carne y de sentido; si acabó, fue tu mano quien dio fin. Soñé de más aquel día dentro de mí. El tiempo es dios: nadie lo ha comprendido. Es pronto aún, por Dios, no pongas fin.
Aquí el “tú” deja de ser máscara y se vuelve singular. El poema baja desde la biología del sentimiento hasta la ley mayor: el tiempo. No busca consuelo, busca cierre.
Arte conceptual
símbolo · trípticoTres piezas, un centro: el yo lírico. La triqueta une lo que fue, lo que pudo ser y lo que se desea.